domingo, 3 de julio de 2011

Turismo de conciencia

La suerte, esquiva con algunos que merecerían más gozar de su beneplácito, ha querido que ahora mismo mis pies reposen sobre suelo lejano, el suelo llano y húmedo de las orillas del Támesis. No diré, pues, que esta en la que me encuentro es una ciudad bonita, que por cierto, no lo es. Tampoco diré que me lo he pasado en grande haciendo el típico y aburridísmo tour por los lugares emblemáticos que es necesario fotografiar desde todos los ángulos posibles para demostrar algo que no es otra cosa que la propia presuntuosidad de uno mismo.

Si vuelvo a la piel de toro habiendo cambiado algo, no habrá sido mi nivel de inglés lo más importante, al menos a mi propio parecer. Quizá también haya ganado un poco de autoestima. Quizá mi ánimo bipolar haya conseguido tomar algo de oxígeno más allá de la atmósfera asfixiante que yo mismo me he creado. Y es que cuando te alejas de tu siempre deficitario punto de vista original siempre descubres cosas sobre ti mismo. Como que puede que no seas tan huraño y solitario como tú mismo te haces creer, que las relaciones sociales hay que practicarlas para dominarlas. Que la solemnidad de mi discurso y de mi silencio es algo que me es propio pero que puedo controlar. Incluso que quizá no sea para los demás tan aburrido, tan pedante, tan repugnante como solía creer.

Para los mundanos: "¡Oh, qué bien me lo estoy pasando, cuántas cosas estoy viendo!". Pero no estoy haciendo turismo. Los monumentos de Londres me la traen al fresco. Cierto que pueden ser la mejor excusa para coincidir con la gente que acabas de conocer. Pero yo siempre preferiré pasear por aquel barrio tranquilo junto a la residencia de Bethnal Green, sentarme a leer en el parque frente a la iglesia de St. Pancras, pasar las horas tumbado en Regent's Park con buena compañía, o acabar el día en cualquiera de los pubs junto a King's Cross. Mi mayor pena no es no haber ido, en estas ya dos semanas, ni a Madamme Tussaud's, ni a Notting Hill, ni al Museo de Historia Natural, ni a St. Paul, ni a Covent Garden; sino no haber entrado en aquel pub con –buena– música en directo junto al metro porque llevaba 9 horas haciendo cola en Wimbledon y ya estaba exhausto.

Estas son las cosas que me interesan. No las fotos. Pero ahí va una.



1 comentario:

  1. Supongo qe tu estancia y la mia en londres no tienen nada que ver, y es cierto, porque yo fui de viaje de fin de curso,pero los museos me encantaron.
    El año que viene tengo previsto volver porque hay un señorito que quiere conocerlo asique espero hacer lo mismo que estas haciendo tu y sin estresarme con el ingles jajajaja.
    Te dejo una sonrisa en mi entrada.Besos

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