domingo, 27 de marzo de 2011

Descubriendo el cine western

Hace unos días hice una práctica sobre el color marrón en la fotografía del cine western. El tema lo elegí yo mismo, que conste. ¡Pues menudo coñazo! –pensaréis vosotros. La verdad es que no se me ocurría ningún tema mejor, y como este me pareció original me lancé a la piscina.

Así que me encuentro con la papeleta de tener que ver varias películas del Oeste para documentarme, pese al hecho de que nunca me gustó ese género. Pensando en westerns, los primeros títulos que se me vinieron a la mente fueron: cualquiera de John Wayne y "El bueno, el feo y el malo". Examinando algunas críticas por Internet decidí que mi película de Wayne a analizar sería "Río bravo".



Resignado, me descargo las películas y me pongo a ver escenas sueltas y... ¿cómo puede ser? ¡Me gustan! Desde la ignorancia, me había formado una opinión equivocada del género western. Aunque claro, las dos películas no me gustan por igual. "Río bravo" es entretenida e interesante, pero no pasa de eso. La sorpresa mayúscula me llega con "El bueno, el feo y el malo". Mi aún escasa cultura cinematográfica no tenía ni la menor idea de que no todos los western eran iguales. Había leído alguna vez la expresión spaghetti western, pero no sabía lo que significaba. Y cuando empiezo a ver la película obligado me doy cuenta de que... ¡me encanta! ¡No sabía que una peli del Oeste pudiera ser tan divertida! ¡Ni que una banda sonora podía volverte loco!



Y es que los ambientes que se describen en la película son desternillantes por su aridez. Los momentos míticos abundan en tal grado en la película que es imposible recordarlos todos. Las miraditas antes de los tiroteos son inolvidables. Y algunas citas... legendarias:

– Tu cara se parece a la de uno que vale 2.000$.
– Sí. Pero tú no te pareces al que los va a cobrar. (Rubio)

– Los tíos gordos como tú me gustan mucho, porque cuando caen de espaldas hacen mucho ruido. (Tuco)

– El mundo se divide en dos categorías: los que tienen el revólver cargado y los que cavan. Tú cavas. (Rubio)

– ¡Rubiooooo! ¿Sabes de quién eres hijo? ¡Eres un hijo de mil madres! (Tuco)

 
Doy gracias por haber elegido este tema tan extravagante para mi ensayo, porque las consecuencias han sido geniales: ya estoy deseando ver entera la trilogía de Sergio Leone y he descubierto un género que antes rechazaba por mera ignorancia. Lo mismo me pasó hace unos meses haciendo un trabajo sobre "Tiburón": ahora veo el cine de Spielberg con otros ojos. En estos momentos es cuando pienso que todo lo que estoy haciendo en la universidad es útil.

jueves, 10 de marzo de 2011

Padrastros

Cuantísimo asco da el darse cuenta de lo voluble que es todo. Desde lo más grande hasta lo más pequeño, todo está sujeto al cambio. Y, ¿qué es lo que nosotros, ingenuos, perseguimos? Yo al menos: estabilidad. Pero somos idiotas. Queremos construir un castillo de naipes y que no se caiga nunca. Y, para colmo, las cartas se nos resbalan siempre entre nuestras sudorosas manos, algunas para más inri de dedos cortos y rechonchos, con las uñas todas mordidas y los padrastros dando por culo.
Las cartas más pequeñas, las que colocamos sin mucho cuidado, son las que acaban desmorando el castillo. Un día, una pequeña cosa te sale mal y tu mundo se derrumba como un castellet. Y lo peor es que te das cuenta de ello: ves caer las piezas grandes, los pilares de tu vida, aquéllos en los que apoyaste el peso de tu liviana existencia. Y, ¿qué haces? Desde luego, no tienes ganas de recomponer el castillo. Así que te limitas a vagar. A vagar y a esperar que la suerte arregle lo que hace un tiempo te quitó.

lunes, 7 de marzo de 2011

El rollo ese del Karma

Tengo que reconocer que las series americanas siempre me han encantado. No sé muy bien por qué será; si por el desapego inconsciente -o no tan inconsciente- que a veces siento hacia mi propio país o porque en verdad son las mejores. A falta de un discernimiento completo que requeriría bucear a conciencia entre el desorden de mis ideas y mis experiencias, prefiero pensar que, en efecto, la calidad de los productos televisivos provenientes de EEUU es superior.
Son muchas las series americanas que me tienen cautivado; más concretamente las comedias. Algunas por el simple hecho de que son entretenidas y la mayoría porque, además de ello, me parecen de gran calidad. Pues bien, de todas estas series, ya de por sí buenas, mi favorita es, sin lugar a dudas, "Me llamo Earl". La serie no sólo derrocha personajes y situaciones hilarantes, sino que además te invita a reflexionar. Podría pasarme líneas y líneas describiendo las innumerables virtudes de esta serie, pero creo que el espacio y el tiempo serían mejor utilizados con otro fin.


La serie comenzó a emitirse en el año 2005 en la cadena FOX. A lo largo de sus cuatro temporadas tuvo cierto éxito, aunque nada desmesurado. Pero, al acabar la cuarta temporada allá por mayo de 2009, FOX decidió cancelar la serie por su reducida audiencia y su elevado coste. Cuando se presentó la oportunidad de venderla a otro canal (TBS), los productores de la serie se negaron rotundamente a rebajar el presupuesto. Y, ¡aquí acaba la andadura de nuestra serie! Sin un final, dado que la cancelación no fue previamente anunciada.
Y en momentos como este maldigo al mundo, al sistema, a EEUU y a todo lo que se me pase por la mente. Cuesta pensar que la cadena FOX, la misma que renueva una temporada tras otra a "Los Simpsons", una serie que ya está muerta y que además es nociva para sus antiguos espectadores, cancele la mejor comedia del mercado. En realidad, más que costar  pensarlo lo que pasa es que jode mucho. Jode darse cuenta de que sólo importa una cosa en este mundo.
Pero, en fin... ¿qué le vamos a hacer? Yo seguiré viendo los programas que considere de calidad y dejaré de lado la bazofia televisiva suministrada al pormayor, ya sea en forma de series de -y para- adolescentes depravados, de realities o de programas del corazón... infartado. 
Por mi parte, echaré de menos las conversaciones de Earl y Randy antes de dormirse: pura filosofía.

sábado, 5 de marzo de 2011

El tálamo y la Luna

Te despiertas, un día cualquiera, y atrapas a duras penas el instante más bello del día: todo por delante y nada que lamentar. Mullida suavidad que te infunde optimismo y calor no artificial. Pero el tiempo pasa y te esclaviza bajo el peor de los yugos. Deslumbrantes propósitos y brillantes expectativas te son robados del bolsillo por un discreto ladrón, y cuando te das cuenta ya ha escapado y a la policía no le interesa tu pérdida. La esfera desdibuja su fulgor a través de la turbia perpendicular y, trasnochador amigo, llega la inevitable cita con el lecho. Aquél mismo del que, acogedor, hace algunos momentos no te querías despegar ahora es un malvado villano. Te invita, atosigándote con plomiza pesadez, a que te unas a él y luego se mofa se ti. Porque, otra vez, perdiste tu tiempo lejos de él. Y mañana lo perderás otra vez.

martes, 1 de marzo de 2011

Resaca cinematográfica y desvaríos varios

Ahora que ya tenemos los resultados de los Oscar podemos compararlos con nuestras predicciones. Con las mías, más concretamente. Finalmente acerté 6 de 9, pese a que según muchos esta edición ha estado del todo exenta de sorpresas.
Parece ser que la gala fue un auténtico bodrio. La Academia intentó renovar su imagen con nuevos y jóvenes presentadores, James Franco y Anne Hathaway, pero la jugada les salió mal. Y, a merced de este hecho, muchos periodistas especializados se han lanzado a la piscina y han sacado conclusiones a la ligera. Según alguna de estas eminencias, la mediocridad de la gala es, en gran parte, consecuencia de que la gran ganadora de la noche, "El discurso del rey", es igualmente una película mediocre. Tales son las barbaridades escritas por Javier Belinchón en El País. Incluso el ADN se lanzó con un titular como "Oscars sin riesgo".

En exceso osada corrió aquí la tinta de las plumas de los periodistas. ¡Y es que llegan a decir que con otros premiados la gala hubiera sido más entretenida! ¿Acaso soy yo el único que veo que las carencias del guión de la gala no deben ser excusa para descalificar a los premiados? ¿En serio creen que dar el Oscar a "La red social" en vez de a "El discurso del rey" hubiera sido mejor, o a Fincher en lugar de a Hooper? La verdad es que resulta más que curioso que se echen de menos más premios para "La red social", porque nadie ha salido a la palestra a defender al filme de los hermanos Coen, que, siendo francos sí que se merecía más de un Oscar. No tengo la misma opinión para la película del patético protagonista. ¡Pero si es que incluso critican a la película por conservadora por el mero hecho de que trata de un rey!

Sólo daré la enhorabuena a la merecida ganadora de la noche. Fue, a mi parecer, la mejor película del año, a pesar de la soporífera gala. No puedo decir lo mismo del año pasado con "En tierra hostil" y Kathryn Bigelow, cuando, por cierto, no se discutió tanto la idoneidad de los premiados -los "Malditos bastardos" de Tarantino merecían más crédito. Tampoco nadie se ha dignado a cuestionar si los maravillosos secundarios de "El discurso" han sido menospreciados por la Academia.

Bendita Helena Bonham-Carter: mereció el Oscar.

Y, por cierto, creo que soy el único de este mundo que piensa que Scarlett Johansson estaba ESPECTACULAR. Aunque algo más delgada...