Arquímedes dijo una vez: "Denme un punto de apoyo y levantaré el mundo". Una gran verdad que trasciende los límites de física. Y hoy lo he podido comprobar en mis propias carnes.
Resulta increíble cómo una cosa tan pequeña puede suponerte todo un punto de inflexión. En mi ánimo, en este caso. Vengo de estar asfixiado por prácticas, exámenes y demás paranoias que no vienen al caso y que ni yo mismo conozco. Y ahora, lo único que necesito es jugar a tenis. Es mi punto de apoyo. Empiezo a llegar a la conclusión de que no puedo vivir sin este deporte, que me deprimo cuando estoy un tiempo sin jugar. No sé qué haré cuando no pueda jugar. Probablemente me acabe dejando la salud y la paciencia sobre la pista. Pero seré lo más parecido a una persona feliz. Y me parece que es de la única manera que puedo serlo.
La fórmula del problema es la siguiente:
Un idiota enfadado con el mundo
+
una victoria por 6-3 6-0 con buenas sensaciones ante un rival que se me solía atragantar
=
Un idiota contento
A ver cuánto tardo en refutarla. Que no sea pronto.