domingo, 30 de enero de 2011

Bichos raros

Érase una vez un tal Dr. Who. Vivía en un mundo igual al de los demás, pero era diferente. Le gustaba vestir con elegancia, una cualidad extraña en su mundo pero que él apreciaba profundamente. Es más: la elegancia para él era casi un ideal, un principio que guiaba sus pasos. Cada vez que veía una corbata, unos zapatos, un chaleco o incluso un cinturón, sentía un sentimiento de añoranza. No es que el tal Dr. Who fuera un anciano nostálgico con achaques -de hecho era más bien joven-, pero aquél sentimiento brotaba siempre en él irremediablemente.
Este individuo era alguien excéntrico y diferente. Donde todo el mundo estaba de acuerdo, surgía siempre su voz discordante. Su punto de vista distinto le llevaba a ver las cosas con otros ojos, y llevarle así la contraria a todos los demás. Cuando veía discutir a la gente mientras vagaba por las calles, le invadía una risotada irónica. Y es que veía personas devanándose los sesos por sandeces que él, desde su nanoscópico punto de vista del mundo, veía insignificantes. A él solían preocuparle más otras cuestiones: era un enamorado del arte, especialmente del cine. Sus gafas de pasta daban buena cuenta de ello. Resultaba que prefería preocuparse por asuntos que afectaban más allá de su propia existencia, más allá del simple cotilleo.
Who nunca fue un genio, ni mucho menos. Se consideraba un ignorante que sólamente tenía curiosidad por casi todo aquello que le rodeaba. Le gustaba utilizar palabras profundas y filosóficas, las cuales solía combinar con calificativos irónicos -preferentemente xenismos-, como main-stream, hacia las tendencias generales.


Un día, el Dr. Who entró en una clase cualquiera de una universidad sin nombre mientras un profesor no menos extraño que él impartía clase a un abundante grupo de alumnos adormecidos. Entró en el aula, abarrotada de sus odiadas computadoras, hizo el pino, se cayó y se marchó de allí con la consiguiente carcajada general. Con gran celeridad, el estrafalario docente se repuso del shock y prosiguió con su cautivadora lección, no sin antes salir al pasillo y apalear al malogrado hombrecillo. Aún hoy seguimos sin saber si aquel educador maltrató a nuestro protagonista a golpes con su radiante casco de motocicleta o si lo hizo a base de comentarios sarcásticos e hirientes.

Poco sabemos, a día de hoy, de la vida privada del espécimen Who. La revista National Geographic, en un reciente estudio, constató que sabemos más de la vida de la mangosta africana de pelo perenne que del citado ejemplar de homínido. Entre algunos de los aspectos más curiosos de su intimidad podemos destacar que acostumbra a disfrazarse de gremlim -costumbre ésta a la que biólogos de todo el mundo siguen buscando explicación- y que se alimenta a base de zumo de semillas de cactus. También ha podido comprobarse que es el único ser viviente que sale mal en todas las fotos. No cree en los aliens más allá de la película de Ridley Scott, pero recientemente se declaró integrante de la religión de Lars von Trier. Él también cree que Tom Cruise es homosexual, pero no el perro de Ricky Martin. Confiesa ser la única persona del mundo que jamás ha imitado a Chiquito de la Calzada ni a Vittorio Corleone. Además, Who ha manifestado que sus ocupaciones favoritas son la de directivo o cobrador de la SGAE y la de controlador aéreo.

BOLETÍN INFORMATIVO:
Últimas fuentes confirman que el anodino ser aparecido en la institución de enseñanza X carecía de redes sociales, por lo que, como acabó constatándose, era una persona solitaria e inútil que suponía un estorbo para la sociedad. Las fuerzas de seguridad actuaron con rapidez y eficiencia y el peligroso alborotador ya se encuentra en prisión, imputado de los delitos de terrorismo en primerísimo primer grado y de perversión, escándalo público y/o conducta incívica en primer grado y medio. El presidente de la Confederación Europea, Silvio Berlusconi, a petición de su consejera de Sanidad Moral, Esperanza Aguirre, negocia con las autoridades de Honolulu el traslado del peligroso reo a una isla desierta fuertemente protegida con medidas de seguridad. El jefe de prensa del Gobierno, el chucho del expresidente Bush, ha especulado con la posibilidad de que, para una mayor seguridad, los participantes de la sexagésimo novena edición de GH sean soltados alrededor de la isla en cuestión.
Mañana se celebrará una ceremonia pública de agradecimiento (que se emitirá en Tele5 de 11:30 a 12:15) en favor del docente que evitó que dicho sujeto extendiera su pérfida conducta en las impolutas mentes de los prometedores ciudadanos del futuro. Se especula que el próximo miércoles su Majestad el Rey podría entregarle la medalla de oro al mérito nacional en el Palacio de la Zarzuela. Tele5 y Gran Hermano TV se disputan los derechos de emisión de dicha ceremonia.
Una productora americana de renombre ha anunciado que está preparando una adaptación al cine de la historia personal del Dr. Who. Se barajan los nombres de Rob Schneider, Adam Sandler y Jim Carrey para el papel del protagonista, mientras que para el papel del heroico profesor ya se ha llegado a un principio de acuerdo con Danny de Vitto, aunque aún no se descarta del todo a Gary Coleman. Promete ser todo un taquillazo.
Informó Belén Esteban, en exclusiva para GH NEWS

Cambios en el horizonte

Toda sociedad que se precie se basa en el progreso; exactamente lo mismo sucede con las personas. Unos más y otros menos, pero todos nosotros tenemos una necesidad constante de buscar horizontes en los que fijar nuestra mirada y nuestro camino. Necesitamos principios que nos guíen: referentes que seguir y figuras a evitar. Iremos, poco a poco, trazando torpemente un sendero que será nuestra vida. 
El trayecto, no hacia un único y verdadero horizonte sino a nuestro propio destino, no es un viaje que podamos ni debamos recorrer solos. Los senderos se entrecruzan a lo largo de la infinita llanura que conforma las posibilidades que nos otorga la vida, y sus respectivos moradores a veces deciden buscar una senda común. Y es que, muy de vez en cuando, algún solitario caminante nos llama la atención, y nuestros horizontes cambian para dar cabida a una persona en nuestra existencia.
Para algunos, volver la mirada atrás es una acto gratificante. Pero hay otros a los que la sinuosa senda de nuestra historia personal nos asusta profundamente. No nos da tanto miedo equivocarnos como reconocer un error a posteriori. Y, lo más importante de todo, nos asusta cambiar. Yo soy uno de estos excursionistas de la vida. A veces recapacito sobre mis escasos años de existencia y me asusta no reconocerme en mi memoria. Me asusta no ser la misma persona que un día decidió compartir su camino con otras personas. Me asusta mirarme en el espejo y ver a otra persona que me repugna.
Pensándolo fríamente, lo que me invade es un doloroso complejo de Peter Pan. No es que me dé miedo crecer ni dejar de ser un niño; de eso creo que nunca he padecido. Lo que verdaderamente me tiene aterrorizado es que llegue un día en el que en mi vida no encuentre rastro alguno del hombre o del niño que un día fui. Me abruma sentirme a veces no yo mismo, sino una penosa mezcla de las ruinas de quien un día fui y de unos bonitos pero inertes proyectos de quien algún día seré; y que mientras tanto, mi ego, mi conciencia, mi esencia, se haya perdido entre los recuerdos de un pasado mejor y las promesas de un futuro brillante.
Me cuesta más encontrarme a mí mismo que a mis horizontes y eso me lleva a acabar dando vueltas en círculo infinito, ante la desazón de los viandantes.

El cuadro "Viajero sobre un mar de nubes" de Friedrich me sirve muy bien para representar este sentimiento. No es un cuadro hermoso, por así decirlo. No me trasmite el equilibrio y la armonía de las obras de Botticelli o de Tiziano. Pero, siempre que lo contemplo, me evoca esa concepción de la vida como un sendero y de las personas como viajeros. Me gusta pensar en esa escena, ambientada en unas montañas, como el final de un largo viaje a lo largo de un interminable llano. Me gusta que pensar que la niebla sobre los horizontes montañosos representa lo incierto del futuro, de las promesas de progreso y del cambio venidero. Y me gusta pensar que si la figura se encuentra de espaldas es porque el cambio ha erosionado como el viento su imagen pasada, y también que si está sola es porque el sendero de la evolución personal es un camino que a la larga ha de recorrerse en la más irremediable y dolorosa soledad. Pero, sobre todo, me gusta pensar que todo esto son absurdas cavilaciones que mañana habré olvidado.

jueves, 20 de enero de 2011

Un día amargo


Hoy, jueves 20 de enero, algo después de las 5 de la tarde, el co-presentador de "Sé lo que hicisteis”, Ángel Martín, ha abandonado definitivamente el programa. Al final del mismo, el humorista confirmó su marcha y disipó así las dudas de muchos escépticos que afirmaban que todo era una broma, como tantas otras a lo largo de la historia del programa por excelencia de la sobremesa en los últimos tiempos.
Ángel se despidió del programa que le llevó a la fama y el reconocimiento nacionales en solitario, frente a la cámara. No tuvo una despedida a lo grande, con todos sus compañeros arropándole, como suelen hacer los presentadores cuando se marchan. Él solo, sin humor, pero sí con ironía, proclamó que no se trataba del final del programa talismán de La Sexta. Fue el adiós de una persona sencilla y sincera, que hizo las cosas como creyó oportuno y que incidió en los prejuicios y las injusticias que gobernaban la televisión. Sin ser periodista, su humor satírico supuso un toque de atención a todos los que hacían televisión. Hasta hace unos momentos, Ángel fue el azote de los programas del corazón y de los que se hacen pasar por periodistas (con o sin título) que en ellos aparecen. “Sé lo que hicisteis” se queda con un vacío enorme, quizá insalvable, sin su mejor colaborador.

Reconozco que yo, aunque nunca pensé que se tratara de una burda estrategia, me resistía a creerlo. Soy uno más de los acérrimos seguidores del programa, y cuando hace unos momentos he comprobado que todo era verdad, he sentido una enorme tristeza. Este programa lleva acompañándome durante todas las tardes desde hace ya muchos años. Recuerdo el momento en que empecé a verlo, que no fue hasta que instalé la TDT, allá por el año 2007. Yo no sabía nada de La Sexta, ni del programa, ni casi de la televisión en general. De hecho, creo que no sabía nada de nada. Era una persona muy distinta; más infantil, menos formada y con otras ideas. ¡Si hasta estaba decidido por estudiar derecho y ser político! Me gusta pensar que este programa tiene parte de culpa en todo lo que he cambiado en estos últimos 4 ó 5 años. Su labor, que sin ser periodismo es casi una labor social, me inspiró profundamente. Me abrió los ojos con respecto al mundo de la televisión y me inculcó una visión crítica que hoy en día que podido cultivar más profundamente. He crecido como persona a la par que este programa, y la marcha de Ángel, el hombre que representa a la perfección los valores del programa, me dejado desolado.
La televisión en España es un constante aburrimiento. Combina programas de ínfima calidad que rebosan sensacionalismo y programas de ficción que falsean las relaciones personales hasta convertirlas en un circo de depravación e ignorancia. Y en esos momentos de pésima calidad televisiva con total impunidad, llegó un nuevo canal. Los torpes primeros pasos de La Sexta, que llegó a emitir gracias a una concesión a la productora Mediapro a finales de 2005, se enderezaron con la llegada de SLQH. Rápidamente, la parrilla del canal se consolidó en torno a tres programas de humor: el propio SLQH, “El Intermedio” y “Buenafuente”. Con la elección de sus buques insignia, la cadena fijó su rumbo en el humor y el entretenimiento de calidad, y estructuró su parrilla de acuerdo con esta máxima. Esto supuso un soplo de aire fresco para toda la televisión de nuestro país.
Toda esta palabrería que estoy soltando ahora no es en vano. Pensemos, por ejemplo, en “Aquí hay tomate”. Propongo públicamente a SLQH al Premio Nobel de la Paz sólo por derribar esa aberración televisiva. Y es que, ¿cómo podía existir un programa que arrasaba en las audiencias difundiendo absurdos rumores sobre la vida de los famosos, o realizando vídeos manipulados y repugnantemente morbosos sobre el paquete de un famoso cualquiera o sobre las bragas de las fans de Casillas? El propio Jorge Javier Vázquez respondió a las críticas del programa. Claro está, “mermelada” lo hizo a su manera, acusando sin fundamento a sus rivales de que tomaban drogas y que la propia cadena se las suministraba. Y “el tomate” fue sólo uno de los objetos de las críticas de este programa. Las críticas de Ángel a los ridículos reportajes de Paqui Peña en “Está pasando” son ya parte de la historia de la televisión moderna, al igual que al peculiar inglés de Carmen Hornillos en “Corazón de milenio” o a las burradas de Cristina Tárrega en su programa nocturno de Telemadrid “Territorio comanche”.
Tantas críticas no tardaron en hacer aparecer detractores del programa, asegurando que la calidad de un programa que se construía a base de fragmentos de telebasura no podía ser buena. Nada más lejos de la realidad, porque precisamente el mérito de SLQH es poner en evidencia la falta de escrúpulos de las demás cadenas, y hacerlo siempre con ironía y con humor. Y para esto no había nadie como Ángel, que ahora dice que se retira porque su trabajo le aburre. Y no me extraña, porque la telebasura del tomate pasó a convertirse en “neorrealismo televisivo”, y todo siguió igual, incluso con el mismo presentador. Las críticas quedaron ahí para aquellos que las quisimos escuchar, pero nada cambió.
De todas formas, no voy a ser tan lisonjero como paro no admitir que la calidad del programa había descendido notablemente en los dos últimos años. Resulta que un programa de zapping como SLQH acabó quedándose sin vídeos que comentar. Y, ¿por qué sucedió esto? ¿Acaso los espacios de telebasura se reformaron? Nada más lejos: parece que la Justicia también está de lado de los inmorales de la cadena de Fuencarral, o al menos de su dinero. El día que les prohibieron emitir imágenes de “Telecirco”, el programa quedó tocado; el día que la denuncia vino por parte de Antena 3, hundido. Canal 7 llegó a demandar al programa por decir que ponían porno. ¡Pero si hasta una cadena pública como Telemadrid les vetó sus imágenes! No veo nada descabellado considerar a SLQH y a Ángel Martín víctimas de la injusticia del mundo de la televisión.

En fin… haré como Ángel y evitaré las despedidas lacrimógenas. Espero que le vaya bien con su huerto y que SLQH consiga renovarse y sobrevivir a este duro palo. Pero, mal que me pese, nada volverá a ser lo mismo sin el enano analista de medios. Ángel y Patricia fueron los dos pilares que asumieron el peso del programa, y eran los únicos que no podían irse. Ahora Ángel se va. Espero equivocarme.
Aun así nunca olvidaré las tardes que he pasado tumbado en el sofá viendo el programa. Es un tiempo que puedo decir que no he malgastado.