domingo, 27 de febrero de 2011

Nostradamus en el Kodak

¡HAGAN SUS APUESTAS!

Yo ya he hecho mi quiniela patricular, la cual expongo ahora para compararla con los resultados a posteriori: 

- Mejor película: Para la magnífica "El discurso del rey". Por favor, que dejen en paz al puñetero Facebook...

La escena inicial: Legen -wait for it- dary

- Mejor actor protagonista: Para el ENORME Colin Firth ("El discurso del rey"). Es imperdonable que aún no tenga ninguna estatuilla. Jeff Bridges podría ser una agradable sorpresa. Bardem ya tiene su premio con la nominación. ¡Eisenberg no! ¡Caca!

No te pongas nervioso, hombre. ¡Que te lo van a dar!
"El Nota" ataca de nuevo

- Mejor actriz protagonista: Natalie Portman, única estatuilla casi asegurada para "Cisne negro". 

Esta es la cara que se le quedaría a Portman de no ganar

- Mejor actor secundario: Única estatuilla para "El luchador": Chistian Bale. Aunque yo preferiría al gran Geoffrey Rush ("El discurso").

Bale, salido de "The Walking Dead", planea ponerse en huelga de hambre en caso de no ganar
Terapeuta del habla: enseña a hablar a Hollywood

- Mejor actriz secundaria: Helena Bonham Carter ("El discurso"), ¡por favor! ¡Jamás hará en su vida otro papel como éste! La frescura que le insufla a una película un tanto sobria es admirable. La otra opción es la jovencísima Hailee Steinfeld por "Valor de ley", que, siendo francos, lo borda. Y por cierto, no sé por qué la niña está nominada a mejor actriz secundaria si es la protagonista. Y me olvido de Jacki Weaver, ("Animal Kingdom") cuyo arquetipo de papel parece encandilar a los gustos americanos. Sinceramente, lo de Bonham-Carter es una súplica. Si tuviera que apostar lo haría por Weaver. Sólo por probabilidades. Ojalá me lleve una sorpresa.

"El discurso del rey", o Cómo Helena Bonham Carter puede enamorarte en una película

- Mejor director: A Hollywood se le tienen que acabar notando las vergüenzas comerciales: David Fincher por "La red social", nada desmerecido, por otra parte. Pero yo se lo daría a Hooper. Una pena el desapego a los Coen. Y por cierto, ¿dónde está Nolan? Debería ocupar la silla de David O. Russell.


Fincher, con una pose de chulería análoga a su protagonista

- Mejor guión original: "El discurso del rey", salvo sorpresa mayúscula.
- Mejor guión adaptado: "La red social", ídem de ídem.
- Mejor película de habla no inglesa: "Biutiful", casi con toda seguridad.


En fin... estas son mis apuestas. Aunque sin dinero, claro; no soy británico. Mañana comprobaré si iba acertado o no.

Y allá va mi tópico final:      [redoble]      AND THE OSCAR GOES TO...

The Oscar Night: Críticas

Al fin ha llegado el día. Hoy, por fin, es la noche de los Oscar. En realidad, no es que me entusiasme mucho la exhibición de toda la parafernalia de la Meca cinematográfica: el glamour de la alfombra roja, el espectáculo de la gala y demás paparruchadas. Pero creo que este ha sido un gran año para el cine, al menos en cuanto a la calidad de las películas. 

Ya en los Goya tuvimos varias grandes películas nominadas: "Pa negre", "Balada triste de trompeta", "Buried" y "También la lluvia". Y, salvando las enormes diferencias entre el cine español y el americano, algo parecido sucede este año en los Oscar. Las grandes favoritas, que acaparan la mayoría de las nominaciones, destacan claramente sobre el resto: "El discurso del rey", "Valor de ley", "La red social" y "Cisne negro". "El luchador" y "Los niños están bien", pese a tener varias nominaciones, se escapan de casi todas las apuestas.

 
La apuesta más sólida de la noche es "El discurso del rey", la obra maestra de Tom Hooper. Película británica, parte con 12 nominaciones repartidas entre todas las categorías importantes salvo la de mejor actriz principal. Si por mí fuera, he de reconocer que todos los premios irían a parar a este filme. Vamos, que les regalaría hasta el teatro Kodak entero a todos los genios que han hecho posible esta sublime obra de arte. 

Si tuviera que definir con dos palabras la película, éstas serían sin duda "delicadeza" y "elegancia". Es una de las películas más bellas y equilibradas que he visto en los últimos años, y su propia perfección radica en su simplicidad, tanto en lo argumental como en lo visual. He leído muchas críticas en contra de la película por estar desconectada de su contexto socio-político: el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Pues bien, si la película se centrara más en los temas de la política -introduciendo por ejemplo impactantes imágenes de bombardeos en Londres- perdería gran parte de su encanto: una preciosa historia de superación personal enmarcada en el estricto y protocolario entorno de la familia real británica sin caer en los prejuicios y en la melosidad típicos de otras muchas películas. Es la flema británica hecha cine.


"Valor de ley" ("True grit"), de los hermanos Coen, parte con 10 nominaciones, que en sí mismas ya suponen un premio. Pese a la gran cantidad de candidaturas, promete ser la gran decepción de la noche. Y es que Hollywood lo máximo que suele premiar a los directores independientes como los Coen es con la nominación. Y si no que se lo digan a Tarantino con su "Malditos bastardos" el año pasado: 1 de 9. En cuanto a la película -un remake del western de Hathaway de 1969 protagonizado por Jhon Wayne- he de decir que, como casi siempre sucede con los Coen, es visualmente preciosa: enmarcada en la América profunda de época de los western -sin ser la peli nada de eso-, los tonos ocres de la tierra nos ubican en la época; y los verdes y blancos de los árboles y la nieve, en la historia. En el punto de vista del argumento es igualmente genial, con un emotivo e intrigante prólogo ("There is nothing free, except the grace of God"), un inicio lento (sí, me gustan) y un epílogo memorable.


El contrapunto de "El discurso del rey" lo pone la película de David Fincher "La red social", con 8 nominaciones, y que se especula que puede ser la gran rival de la obra de Hooper. He de confesar que no me ha gustado demasiado. El aspecto visual y la banda sonora me gustaron bastante, pero el guión no me convence. No soporto la visión de los jóvenes que se da. Y tampoco me creo a Eisenberg en toda la película, por muy nominado que esté. Sólo veo a un niñato creído que se dedica a hablar como una bala durante toda la película, un fastidio para los que preferimos leer los subtítulos en la VO. Sospecho que su tema "de moda" (el cual tanto me repugna) es responsable de gran parte de su éxito. Sin embargo, recozco que la dirección de Fincher es impecable.


La otra gan baza es "Cisne negro", de Darren Aronofski. No la he visto aún, así que me abstengo de opinar sobre ella por el momento. Sólo diré, gracias a referencias externas, que tengo grandes expectativas basadas en su originalidad y su potencia visual. Por otra parte, el hecho de ser una propuesta diferente a lo que suele premiar la Academia parece que desencadenará un éxito limitado.
¡Ah! Se me olvidaba "127 horas", protagonizada por el presentador de la gala: James Franco. No sé porqué, pero intuyo que la Academia también se va a olvidar... Y que conste que no la critico. Aún no la he visto. 
Tampoco he mencionado hasta ahora "Origen", de Cristopher Nolan, candidata a muchos Oscar técnicos, los cuales estarían completamente merecidos. La banda sonora: espectacular también. Pero en cuanto al galardón a Mejor película, la cosa va a estar más que difícil. Es una gran película, pero no merecedora de Oscar.
No obstante, no hay que olvidar tampoco la presencia de dos excepciones como son "Toy Story 3" y "Biutiful". La una, perfecta película de animación cuyo reconocimiento, por ese mismo hecho, se limitará considerablemente; la otra, película extranjera capaz de catapultar a Bardem a una nueva nominación.

sábado, 19 de febrero de 2011

Piedra sobre piedra y odio sobre odio

Hoy, de camino a un restaurante donde me disponía a asistir a una celebración familiar, pasé por el casco antiguo de Orgaz, que para los que no lo conozcáis es un pequeño pueblo con mucha historia en la provincia de Toledo, muy cerca de la localidad de origen de mi familia. 

Orgaz en 1915, con el castillo de los condes de fondo

Las calles empedradas, los diversos puentes que cruzan un arroyo hoy seco, la espectacular iglesia mozárabe semiderruida en lo alto del pueblo, el imponente castillo de los condes y las casas de adobe con los muros exteriores desgastados y la pintura desconchada me transportaron durante un momento a los no tan lejanos tiempos de la guerra. He estado en muchos pueblos similares en Castilla la-Mancha, pero ninguno hasta ahora había producido este efecto en mí. En Orgaz, en los tiempos de la Guerra Civil, se encontraba una de las cárceles más importantes de España, por la que pasaron presos tales como Marcos Ana y mi bisabuelo. Mi abuela, cuyo padre, cabeza de familia con 6 hijos, había sido encarcelado por un delito que no cometió, nos recordaba hace unos momentos que precisamente por la carretera por la que circulábamos, ella tenía que ir, diariamente, a llevarle la comida a mi bisabuelo. Un trayecto de más de 10 kilómetros sólo ida, a pie y descalza.


Todo esto, además de la correspondiente aflicción, me ha llevado a plantearme una cosa: ¿por qué? ¿Por qué odiamos a la gente cuando podemos amarla? ¿Por qué hay guerras donde podría haber concordia? ¿Por qué matamos cuando podemos conversar y solucionar nuestros problemas? ¿Por qué nuestro egoísmo nos lleva a generar tanto sufrimiento, como el de una niña de 10 años que hace más de 70 años tenía que pisar descalza esas mismas frías calles empedradas para que su padre no muriese de hambre en lugar de disfrutar de su infancia?

No tengo una respuesta para esto, ni tampoco pretendo hacer una de mis interminables disertaciones, pero creo que, independientemente de las ideas políticas de cada uno, no deberíamos olvidar sucesos como el que hace 75 años hizo sangrar nuestro país. Esto no es reabrir heridas, es curarlas. Olvidar no lleva a ningún sitio y hay que recordar que el rencor, todavía hoy, no nos ha abandonado. Y doy fe de ello.

El autobús fantasma

Érase una vez una solitaria y lejana localidad del extrarradio habitada por extraños individuos, de los cuales ninguno era el Dr. Who. En este ya de por sí inquietante emplazamiento tienen lugar una serie de siniestros acontecimientos, merecedores incluso de un hueco en el informativo de Piqueras. La historia de hoy trata los fatídicos momentos en los que un demoníaco ser hizo aparición en el pueblo para desgracia de sus vecinos; es la historia de EL AUTOBÚS FANTASMA.

El pueblo, con briznas de terror su aire viciado, y cuyo nombre de momento no osaré revelar, está situado en un emplazamiento paradigmático. Rodeado de civilización, no obstante permanece al margen de ella. Las comunicaciones con el exterior son complicadas, en gran parte por la geografía tortuosa del municipio, y se limitan a una sinuosa carretera cuyo mero tránsito supone una odisea. Las leyendas populares abarcan cada curva de la lógobre vía, tanto que los locales evitan hablar de ella y cambian bruscamente de tema cuando se les pregunta. Pero, desafortunadamente, el autobús fantasma dista de ser una leyenda.

Aquí vemos la curva más sosegada del trayecto

Los habitantes de la localidad en cuestión deben gran parte de su aura misteriosa a la presencia del infernal auto que atormenta sus vidas. Y es que la mayoría de ellos, por depravados que sean, deben acudir periódicamente a la civilización. Para escapar de la trampa que supone el pueblo, la única salida posible es tomar el autobús, y el único que recorre las vías malditas es el autobús fantasma.

Los moradores, empujados por acuciante necesidad, se arman de valor para transitar el recorrido. Todo ello porque el autobús fantasma no sigue horarios ni normas, sino la máxima de torturar a los viajeros. Antojadizo y tendencioso, decide a quién recoger y a quién no. Es capaz de oler el miedo y la desesperación emanados por los viajantes, lo que utiliza para extender la desolación a su paso en el lugar. Aquellos que requieran premura en sus asuntos recibirán a cambio dolorosa delación. Llegado a ese punto, el auto maneja el tiempo a su antojo. Alarga las esperas, demora los recorridos, y a los viajeros les fluye un colérico rumor de improperios. Y con ello la semilla de la incertidumbre germinó en los moradores dando lugar a los frutos de la paranoia. Poco a poco, cual canto de sirena homérica la demencia invadió el pueblo y allí reinó soberana, esparciendo por doquier gobernantes corruptos e hipócritas, policías inmorales, incompetentes burócratas, violencia en los jóvenes e ignorancia en los adultos.

He aquí el autobús fantasma de la línea 498

Y así, un infierno en vida allí será hasta el fin de los días, o hasta el día en que un héroe llegue y libere al pueblo del yugo del más diabólico de los transportes.


No creo que les salve Bart Simpson...
Los más sagaces no tendréis problemas para descifrar la identidad del pueblo en la realidad.

lunes, 14 de febrero de 2011

La Pasión de Who

Después de atenazar mi mente con nuevos pensamientos abruptos, siento la necesidad de liberar mi pesar con una nueva edición de las andanzas del gafa-pasta menos universal de todos. Allá va otro insulso relato que pretende robaros tanto unos minutos de vuestro valioso tiempo como una sonrisa.

Una mañana, el individuo Who se despertó de su estado de aletargamiento nocturno con cierta inquietud (mayor que la habitual, se entiende). Algo en su conciencia invadida de retratos de Lars von Trier le decía que estaba equivocado, que debía emprender una búsqueda espiritual. Ni corto ni perezoso, persuadido por una revelación causada por una indigestión de Phoskitos la noche anterior, Who decidió quemar su altar a su antiguo ídolo danés. La humareda hizo saltar la alarma de incendios comprada en la Teletienda, la cual emitió el clásico sonido de la risa de Nelson Muntz. Tras ser apaleado por sus vecinos de edificio, a saber, el Teletubbie homosexual y la rata propietaria del plató de "Crónicas marcianas", Who salió a la calle en busca de la fe verdadera. 

Un transeúnte con el que se cruzó le contó que un tal Jesucristo, un señor desocupado que parecía una fusión entre Mario Vaquerizo y el dentudo de los Bee Gees, había hecho lo mismo que él hace una barbaridad de años. Who se asombró de la antigüedad que debía de tener el uso de la marihuana, porque al tal Jesús no se le ocurrió decir otra cosa que que él era el hijo Dios. ¡Menudo pirado! Siguió recorriendo Who la populosa urbe, hasta que se encontró de nuevo, por causalidad, al mendigo de antes. Decía que iba a la Iglesia a escuchar "risa", o al menos así lo entendió el otro. Al intuir Who que un edificio con un aspecto tan ridículo debía de ser un centro religioso, se decidió presto a entrar, alentado también por la idea de ver un espectáculo humorístico. Una vez dentro del edificio, lo primero que sintió fueron unas ganas irrefrenables de vaciar la vejiga, seguidas de un fuerte calor a causa del fuerte calor de un día de verano madrileño cualquiera en una construcción cochambrosa como aquélla, en el marginal barrio de Salamanca, donde la gente parecía muy peligrosa. El edificio tenía un aire deprimente, parecía muy viejo y pedía a gritos una renovación de su mobiliario, muy kitsch, por cierto. Los bancos: más incómodos que dormir la siesta viendo "Sálvame".

De repente, durando aún el estupor de Who, todos los presentes se pusieron en pie. Hizo aparición un señor viejo que parecía haberse equivocado de dirección, porque aún no se había quitado el pijama. Sin embargo, pese al creciente asombro de Who, el anciano recorrió todo el pasillo entre los bancos, seguido por unos críos con cara de asustados, disponiéndose sin duda a dar la "risa". Tras interminables momentos de aquel grotesco espectáculo, el más excéntrico de los espectadores llegó finalmente a la conclusión de que aquella especie de monólogo musical estaba muy sobrevalorado por los asistentes. Sin embargo, sí que hubo un momento en el que Who acabó desternillándose de risa, cuando el viejo empezó a decir que había convertido unas galletas mojadas en vino en el cuerpo del porreta ancestral. La sonora carcajada del individuo, que ya antes se había levantado para pedirle un poco de vino al anciano para hacer la espera más amena, le costó ser apaleado nuevamente al grito de "hereje" y "rojo cabrón".

Exactamente un ratito después, Who proseguía sus andanzas por las calles, algo menos populosas a aquellas horas del mediodía. Como visita obligada en cualquier itinerario por la ciudad, Who decidió visitar una universidad, comparable a Oxford en prestigio. Entrando en una clase atestada de prodigios, el saludo más espontáneo que le salió fue hacer el pino, nuevamente con desastrosos resultados. Pero en esta ocasión, el caballero del reluciente casco, su mortal enemigo, estaba sacando brillo a su arma y fue atendido por una elocuente damisela, princesa de un reino exótico y lejano, capaz de solucionar cualquier duda a cualquier ser sobre la faz del planeta. Allí, y no en otro lugar, Who recibió el consejo espiritual de otra eminencia, la cual destacaba entre sus compañeros por su seguridad en sí misma y por su tranquilidad. Y en ese momento, sin duda memorable para los libros de historia, nace la más desconocida y efímera religión del siglo XXI, el culto al Dios Jesús Martín-Barbero, gloriosa y olvidada práctica la cual no obstante ahora resucito.



Este relato carece de la intención de ofender a doctrina religiosa alguna. Es solamente una divagación surrealista, ficticia y ante todo absurda, que, sin embargo, dice mucho más de lo que parece... Y, escrita con cariño, por cierto.

domingo, 13 de febrero de 2011

El valor de la frivolidad

Un hecho bastante fortuito me ha hecho ponerme a reflexionar acerca de la religión. 

Soportando mi cotidiana y tediosa espera al autobús que me conduce desde una estación intermedia hasta mi hogar, ensimismado yo mientras leía a Esquilo, fui abordado por dos chicas muy amables, cuya edad en poco superaba a la mía propia. Cabe mencionar mi lógica sorpresa, además de un ligero malestar derivado de la interrupción de mi cautivadora lectura. Resultaba que dos muchachas tan jóvenes y alegres como aquéllas no tenían nada mejor que hacer a esas horas de la tarde que predicar. Mi reacción lógica a la locución "Cristo te quiere" difiere considerablemente de la que en verdad tuvo lugar. Desde luego, no acepté el folleto que esas chicas me ofrecían y sus palabras tuvieron un nula influencia sobre mí. Pero en un momento en que debería haber contestado de malas maneras que si su estrategia funcionaba con alguien, fui muy amable despachándolas, o al menos, todo lo amable que yo puedo llegar a ser: diplomático. Para mi propia sorpresa, fui paciente y considerado con dos personas a las que no conocía y que pretendían ni más ni menos lograr la osadía de que yo me pasara a su religión.

Pero, ¿por qué fue ésta mi reacción? Pues porque ese preciso instante, no sólo vi a dos jóvenes con una conducta ofensiva hacia mis convicciones. Vi a dos personas convencidas de lo que creían. Y esto, en los tiempos que corren, es bastante insólito. Obviamente, no pretendo con esto decir que estas jóvenes eran un ejemplo a seguir. Es más, tengo que decir que me parecen dos fanáticas ignorantes e irracionales que creen a pie juntillas en un absurdo mito; dos chicas que han sido manipuladas por una larga tradición de intereses institucionales eclesiásticos. Pero, pese a todo ello, vi a dos personas que habían tomado una elección y estaban convencidas de ella.

Explicaré ahora por qué la decisión de estas chicas me pareció admirable. Según la encuesta del CIS, un 73,6% de los españoles se declara católico. Repito: católico, no sólo cristiano creyente. Y de ese alto porcentaje, sólo un 15,3% se declara practicante. ¿Cuál es la causa de este vacío? Alguien ingenuo diría que, simplemente, la gente católica no es practicante por pereza o por desaveniencias con la Iglesia. Pues bien, mi deducción personal es otra: está teniendo lugar una crisis de valores. En este mundo, la única convicción universal es el dinero. La gente ha vendido su conciencia para no desentonar en un mundo amoral o, como alguien dijo alguna vez, anti-vital. Puedo asegurar que la mayor parte de esos católicos españoles no practicantes se pueden meter en el mismo saco. En el saco de la gente que dice que cree en Dios y no sabe por qué. En el saco de los que supeditan sus convicciones a la corriente general.

Esto puede sonar algo ridículo, pero siempre que se pregunta por religión a uno de estos sujetos (por proporción, la mitad de la población española), contestan algo parecido a "un algo tié q'haber". Ésta, y no otra, es la frase que más veces he oído repetir a dichos individuos. Y me parece deleznable que haya más gente que se casa por la Iglesia y que bautiza a sus hijos que gente que haya leído "La Biblia". 

Así es como la sociedad frivoliza la idea de Dios y la gente la acata sin cuestionarla. Así es como la religión de no desentonar con lo que hace el vecino es la que tiene más fieles. Y así es como una sociedad vende la moral al mejor postor.


Y como siempre que hago una entrada de este tipo acabo sumamente exasperado, sólo me queda decir que prefiero contar estas cosas a través del Dr. Who. 
PRÓXIMAMENTE...

martes, 8 de febrero de 2011

Dr. Who facts

Tengo que reconocer que me lo he pasado pipa escribiendo acerca de las vivencias de aquel adusto personaje de cosecha propia basado en vivencias reales, el excéntrico Dr. Who. Algunos soñadores ya se atreven a decir que mi desvalida corona se esconde tras sus gafas de pasta... y razón no les falta. Y es que todo personaje, por muy inspirado que esté en hechos reales, es un desprendimiento de la identidad de su creador, en mayor o menor medida. Por ello, para dar unos instantes de vida más a ese engendro que parece ser mi alter ego, cual Dr. Jekyll y Mr. Hyde, publico ahora estos insulsos facts sobre su persona.

Nota: Ningún fact de Chuck Norris ni de Arturo Pérez Reverte ha sido plagiado para realizar esta entrada.

  1. Who jamás ha perdido un autobús ni cualquier otro medio de transporte. Nadie sabe aún cómo lo hace. Estudiosos barajan la posibilidad de que sea el primer ¿ser humano? con habilidades telepáticas, al menos con los conductores de transportes públicos. Esto se entiende fácilmente por el carácter odioso de ambos.
  2. Nunca se ha meado fuera de la taza. Parece anecdótico decirlo, pero algunas eminencias, entre ellas el caballero del reluciente casco, sostienen que esto podría ser un síntoma de que Who en realidad no pertenece al género masculino.
  3. Nadie comprende de dónde saca el tiempo para hacerlo, pero se ha leído los prospectos de todos los medicamentos que ha tomado y los manuales de instrucciones de todos los aparatos que ha comprado, incluso el del coche, el cual sospechamos que adquirió porque combinaba con el color de fachada de su edificio. Finalmente resultó que Who desconocía la utilidad de estos vehículos porque no aparecía en el manual.
  4. Who cree que Coca-Cola es una isla del Caribe, y también que Scarlett Johansson está gorda. Esta última similitud con Carmen Posadas sirve para afianzar las tesis de su carácter de necedad único.
  5. Ha comenzado a despilfarrar dinero compulsivamente comprando libros existencialistas y bustos a tamaño real de Kierkegaard porque un día recibió un mensaje de Carlos Lozano.
  6. Los publicistas de telemarketing no llaman a su teléfono porque es capaz de aburrirlos.
  7. Nunca se ha reído con un vídeo de caídas graciosas, pero adora recibir PowerPoints de "gaticos" tocando el piano.
  8. Tiene una televisión de pantalla plana para sostener el torito y la sevillana.
  9. Lee árabe con fluidez de izquierda a derecha.
  10. Sigue su propio calendario, basado en la germinación de la col de Bruselas.
  11. Habla 7 idiomas tales como el rético o el extremeño meridional, pero su lengua materna es un dialecto de esperanto y lengua Klingon, lo que hace que sus orígenes sean aún más misteriosos.
  12. Lidia Lozano Fuentes totalmente fiables aseguran que nació de un esqueje de la  palpitante vena del cuello de María Patiño una ilustrísma comunicadora trasplantado a una maceta de pimientos.
  13. Uno de sus pasatiempos favoritos es ver concursos en los que el concursante falle la última pregunta. A día de hoy sabemos que, para asegurarse de su divertimento, realiza una danza ritual zulú con la que convoca al espíritu de Carlos Sáinz.
  14. Sus únicos amigos conocidos son J.J. Santos y Pérez Burrull. Es más, su amigo de la infancia fue el clip de Windows Office, pero han ido distanciándose con el tiempo.
  15. Su enemigo mortal es el Windows 2000, pues a Who le aterroriza que una máquina (o sistema operativo, en este caso) pueda ser más incompetente que él.                         
Lista de máquinas demoníacas:
  1. Windows 2000
  2. Power Balance
  3. Abdominazer 2000
  4. Jes-Extender
  5. Steven Seagal

martes, 1 de febrero de 2011

El reloj hispánico

Continuando la tendencia de trivialidades que me acomete últimamente, me dispongo a tratar un tema bastante tópico, pero en el cual subyace cierta realidad: la extraña concepción del tiempo que tenemos los españoles.


Más allá del clásico cliché de las mujeres que tardan una eternidad en prepararse y demás patochadas, algo de verdad sí que hay en que los españoles en general, tanto hombres como mujeres, tenemos problemas para cuantificar y administrar el tiempo. Debería haber estudios sociológicos que tratasen esto, porque es realmente curioso. No sólo es que la mayoría tengamos tendencia a retrasarnos y a hacernos esperar (albergo la sospecha de que algunos lo hacen intencionadamente), sino que tendemos a deformar los horarios en función de lo que nos convenga, distorsión que incluso proviene del propio uso del lenguaje. 
Así, aunque vayamos a tardar unos 5 minutos en exprimir un zumo de naranja, decimos que tardamos "un minuto". Cuando cogemos atasco y llamamos a quien nos espera, siempre "nos faltan 5 minutos", aunque sabemos perfectamente que probablemente nos demoremos por encima del cuarto de hora. Decir que nos quedan "5 minutos o 10 minutos" nos sirve para cubrirnos las espaldas en caso de que en realidad tardemos media hora. La difusión de esta práctica da lugar a que, muy a menudo, las distancias temporales se vuelvan caóticas, de manera que "5 minutos" para una persona son media hora y para otra lo son de verdad. Con todo, no me extraña la que Dalí acabara pintando relojes derretidos. Nada de surrealismo: era un mensaje oculto.
Reforzando mi teoría de que, aunque no lo parezca, en realidad no soy español sino suizo-alemán, pese a que siempre llego tarde a todos sitios siempre soy realista con mis retrasos. Si voy a tardar media hora lo digo. Nada de tonterías de "estoy allí en 5 ó 10 minutos". Es mejor evitar los eufemismos y llamar a cada cosa por su nombre.

Y no quiero acabar sin un topicazo para un tema como este: 
Así nos pasa: que somos el país de los tardones y nadie nos toma en serio.