Hoy, de camino a un restaurante donde me disponía a asistir a una celebración familiar, pasé por el casco antiguo de Orgaz, que para los que no lo conozcáis es un pequeño pueblo con mucha historia en la provincia de Toledo, muy cerca de la localidad de origen de mi familia.
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| Orgaz en 1915, con el castillo de los condes de fondo |
Las calles empedradas, los diversos puentes que cruzan un arroyo hoy seco, la espectacular iglesia mozárabe semiderruida en lo alto del pueblo, el imponente castillo de los condes y las casas de adobe con los muros exteriores desgastados y la pintura desconchada me transportaron durante un momento a los no tan lejanos tiempos de la guerra. He estado en muchos pueblos similares en Castilla la-Mancha, pero ninguno hasta ahora había producido este efecto en mí. En Orgaz, en los tiempos de la Guerra Civil, se encontraba una de las cárceles más importantes de España, por la que pasaron presos tales como Marcos Ana y mi bisabuelo. Mi abuela, cuyo padre, cabeza de familia con 6 hijos, había sido encarcelado por un delito que no cometió, nos recordaba hace unos momentos que precisamente por la carretera por la que circulábamos, ella tenía que ir, diariamente, a llevarle la comida a mi bisabuelo. Un trayecto de más de 10 kilómetros sólo ida, a pie y descalza.
Todo esto, además de la correspondiente aflicción, me ha llevado a plantearme una cosa: ¿por qué? ¿Por qué odiamos a la gente cuando podemos amarla? ¿Por qué hay guerras donde podría haber concordia? ¿Por qué matamos cuando podemos conversar y solucionar nuestros problemas? ¿Por qué nuestro egoísmo nos lleva a generar tanto sufrimiento, como el de una niña de 10 años que hace más de 70 años tenía que pisar descalza esas mismas frías calles empedradas para que su padre no muriese de hambre en lugar de disfrutar de su infancia?
No tengo una respuesta para esto, ni tampoco pretendo hacer una de mis interminables disertaciones, pero creo que, independientemente de las ideas políticas de cada uno, no deberíamos olvidar sucesos como el que hace 75 años hizo sangrar nuestro país. Esto no es reabrir heridas, es curarlas. Olvidar no lleva a ningún sitio y hay que recordar que el rencor, todavía hoy, no nos ha abandonado. Y doy fe de ello.

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