Os sorprenderá leerlo pero yo soy de esos a los que el ánimo les juega malas pasadas. Son innumerables los momentos en los que, sin siquiera saber por qué, no tengo ganas de relacionarme con el mundo, sea cual sea la forma. Para ser francos, no quiero saber nada ni de mí mismo.
Es curioso que es entonces cuando más profundo me noto unido a la cultura en general. En los momentos de depresión (creo que no puede definirse de forma fidedigna con otra palabra) siento la necesidad de ver cine a raudales, o de leer clásicos, o incluso de ver alguna inolvidable serie de televisión. Algunas de estas obras consiguen sumergirme aún más en mis tribulaciones. Véase, los dilemas existenciales o familiares expuestos en el cine del mítico Ingmar Bergman. Leer Dostoievski tampoco ayuda mucho. Sin embargo, algunos filmes te tienden una mano hacia un punto de vista más positivo. No se trata simplemente de comedias divertidas o de idílicos (y a veces vomitivos) happy ends, sino de ideas extraidas de la obra.
Allá van dos recomendaciones bastante personales capaces de animar incluso a un gélico alcornoque:
Allá van dos recomendaciones bastante personales capaces de animar incluso a un gélico alcornoque:
- "Midnight in Paris", en dosis de unos 90 min. Perteneciente a la minoría de los productos provenientes de la factoría W. Allen Inc. que no desprenden una visión amarga, pese a que por ser mayoritariamente comedias pueda parecer otra cosa. Remedio infalible para la nostalgia. Apta para curar la depresión derivada de un inoportuno visionado de "La rosa púrpura del Cairo". Se aconseja consumir tras, al menos, una estancia previa en París. Recomendable para los deprimidos tras ver Harry Potter 7.2.
- En caso de depresión crónica tomar "Beginners". Posibles efectos secundarios: perder la tarde en ir a un solitario cine madrileño y sufrir un brote de masoquismo que te incite a desear volver. Propiedades activas: anima a vivir la vida, pese a su recubrimiento de atmósfera depresiva. Se recomienda al consumidor el no incurrir en un creciente amor platónico por Mélanie Laurent y su encantador acento francés, sólo comparable al de Marion Cotillard.
