martes, 27 de marzo de 2012

Mentiras y verdades sobre "El Padrino III"

filmaffinity
Desde que un Francis Ford Coppola endeudado la estrenase en 1990, mucho y muy largamente se ha hablado de la tercera parte de la que probablemente sea la mejor saga cinematográfica de la historia del celuloide. Después de un cuidadoso visionado, uno no tarda apenas en advertir la controversia y en concederle un reconocimiento en muchos casos exiguo.

Empecemos con una verdad: El padrino III no entraba en los planes de Coppola. La gran brecha cronológica con respecto a la segunda parte (1974) da sólidos indicios de ello. El propio Coppola, director de un método y personalidad complicados, confesó quizá de un modo demasiado tajante que esta película saldó sus deudas y nada más. Recalcar ese “y nada más” por la estupefacción lógica ante tal desdén de un autor sobre su obra.

Sobre la calidad de la película hemos escuchado muchas mentiras y verdades a medias. En efecto, no está a la altura de sus predecesoras, eso es innegable. Pero resulta tremendamente hipócrita valorar esta tercera parte a través de la sola comparación con la primera y la segunda, según muchos entre las obras cumbre del séptimo arte. La acogida de ciertos sectores de la crítica y de la opinión pública condicionaron el reconocimiento de una gran película que, aun con defectos, aqueja el nivel del listón de las anteriores.

Sobre alguno de los errores: Sofia Coppola como Mary Corleone. La elección de la hija del ilustrísimo auteur es probablemente el mayor error de una película que, por lo demás, goza de un reparto brillante. El perfil personal de Sofia coincidía con el papel, una niña de papá –muy snob– y con marcadas raíces italianas. Pero, aunque físicamente agraciada, su expresividad es inexistente y su actuación llega a empañar momentos brillantes y partes fundamentales de la historia. Cabe destacar que esta discutible elección vino desencadenada por la renuncia de la actriz pensada para el papel: Winona Ryder. Con ella quizá recordaríamos a Mary Corleone como una dulce e inocente joven (véase, como Ryder en La edad de la inocencia) y no como una snob repelente y pésimamente interpretada.
wikia
En definitiva, todas estas mentiras y verdades no deben ser obstáculo para que quien haya perdido el aliento con las dos primeras disfrute y se emocione con esta tercera parte. No faltan, desde luego, el toque nostálgico de la novela de Mario Puzzo ni la memorable banda sonora de Nino Rota. Los minutos finales, desgarradoramente emocionantes, son un digno broche a la historia de la familia Corleone, y las casi tres horas de duración son un precio razonable que pagar.