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Wes Anderson despliega en The Royal Tenenbaums ("Los Tenenbaums. Una familia de genios", 2001) su personalísima fórmula de una comedia, exponiendo sus virtudes y sus defectos sin miedo alguno. Se trata de una comedia con pocas risas que probablemente aburrió a muchos por su escasa carga cómica y por la excentricidad del guión, en el que precisamente se concentran la mayoría de los méritos que exceden el trabajo actoral.
Todos los miembros que conforman la familia Tenenbaum, que por cierto no son pocos, tienen en común un carácter admirablemente único. De una forma magistral, el guión concede a todos los personajes una personalidad única, sorprendentemente alejada de clichés y estereotipos, que encaja a la perfección con la historia. A menudo, Anderson deja escapar reflexiones sobre la unidad familiar que resultarían impensables si uno se queda en lo extravagante de la sinopsis y de algunos gags y momentos puntuales de la trama.
Entre actores y dirección son capaces de sortear el abismo del esperpento y quedarse en el estatus final de fábula surrealista. Algo admirable que probablemente nadie podría haber logrado con ese guión
original escrito a medias por el director y Owen Wilson (que logró una más que
meritoria nominación al Óscar), sin olvidarse de un muy reseñable éxito
comercial. La posmodernidad sólo concede a unos pocos elegidos, entre los que se erigen nombres como el venerado QT, la admirable capacidad de sorprender siendo único sin por ello resultar ridículo. Las actuaciones contribuyen al resultado final gracias a un fabuloso casting (Gene Hackman, Angelica Huston, Gwyneth Paltrow, Bill Murray) que ni siquiera Ben Stiller es capaz de empañar. Anderson repite aquí con los hermanos Wilson, actores fetiche con los que debutó en su opera prima (Battle Rocket, "Ladrón que roba a un ladrón", 1996).
Si bien no lo alcanza, se acerca mucho al nivel de la excelente Fantastic Mr. Fox ("Fantástico Sr. Fox", 2009) –en parte por el preciosismo surrealista que consigue la brillante y cuidada animación mediante stop motion–. Eso sí, tiene todo lo que puede pedírsele a una comedia del particular Wes Anderson, otra rara avis de Hollywood cuyo estilo despierta críticas y alabanzas por doquier. Es un genio capaz de otorgar a sus películas una esencia característica de la que lo peor que puede decirse es que no te gusta.

