Un hecho bastante fortuito me ha hecho ponerme a reflexionar acerca de la religión.
Soportando mi cotidiana y tediosa espera al autobús que me conduce desde una estación intermedia hasta mi hogar, ensimismado yo mientras leía a Esquilo, fui abordado por dos chicas muy amables, cuya edad en poco superaba a la mía propia. Cabe mencionar mi lógica sorpresa, además de un ligero malestar derivado de la interrupción de mi cautivadora lectura. Resultaba que dos muchachas tan jóvenes y alegres como aquéllas no tenían nada mejor que hacer a esas horas de la tarde que predicar. Mi reacción lógica a la locución "Cristo te quiere" difiere considerablemente de la que en verdad tuvo lugar. Desde luego, no acepté el folleto que esas chicas me ofrecían y sus palabras tuvieron un nula influencia sobre mí. Pero en un momento en que debería haber contestado de malas maneras que si su estrategia funcionaba con alguien, fui muy amable despachándolas, o al menos, todo lo amable que yo puedo llegar a ser: diplomático. Para mi propia sorpresa, fui paciente y considerado con dos personas a las que no conocía y que pretendían ni más ni menos lograr la osadía de que yo me pasara a su religión.
Soportando mi cotidiana y tediosa espera al autobús que me conduce desde una estación intermedia hasta mi hogar, ensimismado yo mientras leía a Esquilo, fui abordado por dos chicas muy amables, cuya edad en poco superaba a la mía propia. Cabe mencionar mi lógica sorpresa, además de un ligero malestar derivado de la interrupción de mi cautivadora lectura. Resultaba que dos muchachas tan jóvenes y alegres como aquéllas no tenían nada mejor que hacer a esas horas de la tarde que predicar. Mi reacción lógica a la locución "Cristo te quiere" difiere considerablemente de la que en verdad tuvo lugar. Desde luego, no acepté el folleto que esas chicas me ofrecían y sus palabras tuvieron un nula influencia sobre mí. Pero en un momento en que debería haber contestado de malas maneras que si su estrategia funcionaba con alguien, fui muy amable despachándolas, o al menos, todo lo amable que yo puedo llegar a ser: diplomático. Para mi propia sorpresa, fui paciente y considerado con dos personas a las que no conocía y que pretendían ni más ni menos lograr la osadía de que yo me pasara a su religión.
Pero, ¿por qué fue ésta mi reacción? Pues porque ese preciso instante, no sólo vi a dos jóvenes con una conducta ofensiva hacia mis convicciones. Vi a dos personas convencidas de lo que creían. Y esto, en los tiempos que corren, es bastante insólito. Obviamente, no pretendo con esto decir que estas jóvenes eran un ejemplo a seguir. Es más, tengo que decir que me parecen dos fanáticas ignorantes e irracionales que creen a pie juntillas en un absurdo mito; dos chicas que han sido manipuladas por una larga tradición de intereses institucionales eclesiásticos. Pero, pese a todo ello, vi a dos personas que habían tomado una elección y estaban convencidas de ella.
Explicaré ahora por qué la decisión de estas chicas me pareció admirable. Según la encuesta del CIS, un 73,6% de los españoles se declara católico. Repito: católico, no sólo cristiano creyente. Y de ese alto porcentaje, sólo un 15,3% se declara practicante. ¿Cuál es la causa de este vacío? Alguien ingenuo diría que, simplemente, la gente católica no es practicante por pereza o por desaveniencias con la Iglesia. Pues bien, mi deducción personal es otra: está teniendo lugar una crisis de valores. En este mundo, la única convicción universal es el dinero. La gente ha vendido su conciencia para no desentonar en un mundo amoral o, como alguien dijo alguna vez, anti-vital. Puedo asegurar que la mayor parte de esos católicos españoles no practicantes se pueden meter en el mismo saco. En el saco de la gente que dice que cree en Dios y no sabe por qué. En el saco de los que supeditan sus convicciones a la corriente general.
Esto puede sonar algo ridículo, pero siempre que se pregunta por religión a uno de estos sujetos (por proporción, la mitad de la población española), contestan algo parecido a "un algo tié q'haber". Ésta, y no otra, es la frase que más veces he oído repetir a dichos individuos. Y me parece deleznable que haya más gente que se casa por la Iglesia y que bautiza a sus hijos que gente que haya leído "La Biblia".
Así es como la sociedad frivoliza la idea de Dios y la gente la acata sin cuestionarla. Así es como la religión de no desentonar con lo que hace el vecino es la que tiene más fieles. Y así es como una sociedad vende la moral al mejor postor.
Y como siempre que hago una entrada de este tipo acabo sumamente exasperado, sólo me queda decir que prefiero contar estas cosas a través del Dr. Who.
PRÓXIMAMENTE...
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