lunes, 14 de febrero de 2011

La Pasión de Who

Después de atenazar mi mente con nuevos pensamientos abruptos, siento la necesidad de liberar mi pesar con una nueva edición de las andanzas del gafa-pasta menos universal de todos. Allá va otro insulso relato que pretende robaros tanto unos minutos de vuestro valioso tiempo como una sonrisa.

Una mañana, el individuo Who se despertó de su estado de aletargamiento nocturno con cierta inquietud (mayor que la habitual, se entiende). Algo en su conciencia invadida de retratos de Lars von Trier le decía que estaba equivocado, que debía emprender una búsqueda espiritual. Ni corto ni perezoso, persuadido por una revelación causada por una indigestión de Phoskitos la noche anterior, Who decidió quemar su altar a su antiguo ídolo danés. La humareda hizo saltar la alarma de incendios comprada en la Teletienda, la cual emitió el clásico sonido de la risa de Nelson Muntz. Tras ser apaleado por sus vecinos de edificio, a saber, el Teletubbie homosexual y la rata propietaria del plató de "Crónicas marcianas", Who salió a la calle en busca de la fe verdadera. 

Un transeúnte con el que se cruzó le contó que un tal Jesucristo, un señor desocupado que parecía una fusión entre Mario Vaquerizo y el dentudo de los Bee Gees, había hecho lo mismo que él hace una barbaridad de años. Who se asombró de la antigüedad que debía de tener el uso de la marihuana, porque al tal Jesús no se le ocurrió decir otra cosa que que él era el hijo Dios. ¡Menudo pirado! Siguió recorriendo Who la populosa urbe, hasta que se encontró de nuevo, por causalidad, al mendigo de antes. Decía que iba a la Iglesia a escuchar "risa", o al menos así lo entendió el otro. Al intuir Who que un edificio con un aspecto tan ridículo debía de ser un centro religioso, se decidió presto a entrar, alentado también por la idea de ver un espectáculo humorístico. Una vez dentro del edificio, lo primero que sintió fueron unas ganas irrefrenables de vaciar la vejiga, seguidas de un fuerte calor a causa del fuerte calor de un día de verano madrileño cualquiera en una construcción cochambrosa como aquélla, en el marginal barrio de Salamanca, donde la gente parecía muy peligrosa. El edificio tenía un aire deprimente, parecía muy viejo y pedía a gritos una renovación de su mobiliario, muy kitsch, por cierto. Los bancos: más incómodos que dormir la siesta viendo "Sálvame".

De repente, durando aún el estupor de Who, todos los presentes se pusieron en pie. Hizo aparición un señor viejo que parecía haberse equivocado de dirección, porque aún no se había quitado el pijama. Sin embargo, pese al creciente asombro de Who, el anciano recorrió todo el pasillo entre los bancos, seguido por unos críos con cara de asustados, disponiéndose sin duda a dar la "risa". Tras interminables momentos de aquel grotesco espectáculo, el más excéntrico de los espectadores llegó finalmente a la conclusión de que aquella especie de monólogo musical estaba muy sobrevalorado por los asistentes. Sin embargo, sí que hubo un momento en el que Who acabó desternillándose de risa, cuando el viejo empezó a decir que había convertido unas galletas mojadas en vino en el cuerpo del porreta ancestral. La sonora carcajada del individuo, que ya antes se había levantado para pedirle un poco de vino al anciano para hacer la espera más amena, le costó ser apaleado nuevamente al grito de "hereje" y "rojo cabrón".

Exactamente un ratito después, Who proseguía sus andanzas por las calles, algo menos populosas a aquellas horas del mediodía. Como visita obligada en cualquier itinerario por la ciudad, Who decidió visitar una universidad, comparable a Oxford en prestigio. Entrando en una clase atestada de prodigios, el saludo más espontáneo que le salió fue hacer el pino, nuevamente con desastrosos resultados. Pero en esta ocasión, el caballero del reluciente casco, su mortal enemigo, estaba sacando brillo a su arma y fue atendido por una elocuente damisela, princesa de un reino exótico y lejano, capaz de solucionar cualquier duda a cualquier ser sobre la faz del planeta. Allí, y no en otro lugar, Who recibió el consejo espiritual de otra eminencia, la cual destacaba entre sus compañeros por su seguridad en sí misma y por su tranquilidad. Y en ese momento, sin duda memorable para los libros de historia, nace la más desconocida y efímera religión del siglo XXI, el culto al Dios Jesús Martín-Barbero, gloriosa y olvidada práctica la cual no obstante ahora resucito.



Este relato carece de la intención de ofender a doctrina religiosa alguna. Es solamente una divagación surrealista, ficticia y ante todo absurda, que, sin embargo, dice mucho más de lo que parece... Y, escrita con cariño, por cierto.

1 comentario:

  1. Joder,me dejas bastante loca con todo esto que has escrito... en serio como puedes rayarte tanto?
    luego me dices a mi pero creo que tu no te quedas atrás.
    Por cierto,siento que no te enteres bien de lo que escribo, no pretendo hacer sentir a nadie ignorante,solo que, escribo para desahogarme y no meter a nadie en mis problemas,espero no molestarte con eso, aunq me llames orgullosa u_U.Yo creo que es mejor para los que me leen,que son amigos mios,icluido tu.
    Un beso

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