Érase una vez una solitaria y lejana localidad del extrarradio habitada por extraños individuos, de los cuales ninguno era el Dr. Who. En este ya de por sí inquietante emplazamiento tienen lugar una serie de siniestros acontecimientos, merecedores incluso de un hueco en el informativo de Piqueras. La historia de hoy trata los fatídicos momentos en los que un demoníaco ser hizo aparición en el pueblo para desgracia de sus vecinos; es la historia de EL AUTOBÚS FANTASMA.
El pueblo, con briznas de terror su aire viciado, y cuyo nombre de momento no osaré revelar, está situado en un emplazamiento paradigmático. Rodeado de civilización, no obstante permanece al margen de ella. Las comunicaciones con el exterior son complicadas, en gran parte por la geografía tortuosa del municipio, y se limitan a una sinuosa carretera cuyo mero tránsito supone una odisea. Las leyendas populares abarcan cada curva de la lógobre vía, tanto que los locales evitan hablar de ella y cambian bruscamente de tema cuando se les pregunta. Pero, desafortunadamente, el autobús fantasma dista de ser una leyenda.
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| Aquí vemos la curva más sosegada del trayecto |
Los habitantes de la localidad en cuestión deben gran parte de su aura misteriosa a la presencia del infernal auto que atormenta sus vidas. Y es que la mayoría de ellos, por depravados que sean, deben acudir periódicamente a la civilización. Para escapar de la trampa que supone el pueblo, la única salida posible es tomar el autobús, y el único que recorre las vías malditas es el autobús fantasma.
Los moradores, empujados por acuciante necesidad, se arman de valor para transitar el recorrido. Todo ello porque el autobús fantasma no sigue horarios ni normas, sino la máxima de torturar a los viajeros. Antojadizo y tendencioso, decide a quién recoger y a quién no. Es capaz de oler el miedo y la desesperación emanados por los viajantes, lo que utiliza para extender la desolación a su paso en el lugar. Aquellos que requieran premura en sus asuntos recibirán a cambio dolorosa delación. Llegado a ese punto, el auto maneja el tiempo a su antojo. Alarga las esperas, demora los recorridos, y a los viajeros les fluye un colérico rumor de improperios. Y con ello la semilla de la incertidumbre germinó en los moradores dando lugar a los frutos de la paranoia. Poco a poco, cual canto de sirena homérica la demencia invadió el pueblo y allí reinó soberana, esparciendo por doquier gobernantes corruptos e hipócritas, policías inmorales, incompetentes burócratas, violencia en los jóvenes e ignorancia en los adultos.
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| He aquí el autobús fantasma de la línea 498 |
Y así, un infierno en vida allí será hasta el fin de los días, o hasta el día en que un héroe llegue y libere al pueblo del yugo del más diabólico de los transportes.
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| No creo que les salve Bart Simpson... |



JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA, no se si seré sagaz o que... pero la linea 98 es la linea 98... a ver si te veo un día de estos y em cuentas... porque parece ser que te ha causado un par de pesadillas jajajajaja.muack
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