lunes, 13 de diciembre de 2010

El nacionalismo

Pocos males han hecho temblar los cimientos de nuestra sociedad humana con tanta virulencia como la lacra nacionalista. Esta convicción intento transmitirla en una breve introducción poética a otra práctica de la universidad, en la que critico esta ideología y sus aplicaciones, pero siempre dejando una puerta abierta al optimismo y la amnistía.

La sociedad humana se halla contaminada de un germen de alarmante peligrosidad. Los seres humanos danzan condicionados como marionetas en el espectáculo de la política, siguiendo los pasos de un canon, cual sagradas escrituras, que nadie osa siquiera cuestionar. La élite política, titiritera del panorama, mueve con gracilidad siniestra los hilos de la sugestión colectiva, con la impunidad de los sicarios bajo el manto de la Luna. Florece el día iluminado con acritud bajo la cruz gamada, mas los hilos que cautivan a los títeres se quebrarán cual enfermizo árbol azotado por gloriosa tempestad. Liberóse el antes pendiente, y con etérea gracia, desplegó las nacaradas alas del raciocinio y dejó en tierra tales pérfidas alimañas, para jamás ser ya cautivo por sus garras ni por el lastre de su aturdimiento, con el olivo por siempre ya como divisa.

G. Orwell: "El nacionalismo es el hambre de poder templada por el autoengaño"
M. de Unamuno: "Petulante vanidad de un pueblo que se cree oprimido"
A. Schopenhauer: "Cuantas menos razones tiene un hombre para enorgullecerse de sí mismo, más suele enorgullecerse de pertenecer a una nación"

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